Bareiro atacó con dureza una medida que apunta, sencillamente, a aliviar el bolsillo de la gente. Pero la pregunta inevitable es otra: ¿qué es lo que realmente le molesta?
No es un dato menor que el periodista forme parte del grupo de Antonio Vierci, uno de los principales actores del negocio supermercadista en el país. Un sector donde, casualmente, la carne no suele destacarse por sus precios accesibles.
La propuesta del Gobierno rompe con ese esquema: productores vendiendo de forma directa, menos intermediarios y precios más bajos. En términos simples, menos margen para quienes han hecho del sobreprecio un modelo de negocio.
En este contexto, la molestia deja de parecer una preocupación ciudadana y se acerca más a una incomodidad empresarial. Porque cuando el consumidor paga menos, alguien inevitablemente deja de ganar como antes.
Ahí está el verdadero trasfondo. No se trata solo de una discusión sobre políticas públicas, sino de quién controla el acceso a los alimentos y quién pierde poder cuando ese acceso se vuelve más directo y transparente.
Al final, la polémica no gira en torno a la carne barata, sino a lo que realmente está en juego: intereses que, cuando se ven amenazados, suelen levantar la voz… y bastante fuerte.

